miércoles, 4 de febrero de 2009

Paz, Palestina e Israel, payasos, duendes y hadas.

"Yo he venido para ayudar al mundo no para hacer la guerra. Tengo mi opinión, pero no he venido a hacer la guerra", esas fueron las palabras con las que la joven israelí se despidió de mi. Lo dijo después de que le felicitara por haber resistido el documental Diario de guerra de un payaso sobre la ocupación israelí de Palestina, por haber acompañado el espectáculo y por haber mantenido los ojos bien abiertos de principio a fin. Valientes son los que hacen lo que han de hacer en cada momento, los que son capaces de sembrar armonía donde hay discordia, los que arriesgan por otras formas de entender, los que se atreven a poner la otra mejilla. Al verla pensé que era una valiente porque lo fácil hubiera sido irse y me recordó a todos aquellos que trabajan por el entendimiento entre los opuestos, por la negociación y el diálogo, por encontrar los lugares comunes y acercar los opuestos. Por aquellos que no salen en los medios de comunicación porque la paz no vende. Me recordó el viaje de la paz que hicimos en plena intifada hace un puñado de años. Como tres reyes magos, Verónica, Diego y yo llegamos a Israel para encontrar voces distintas y personas que trabajaran a un lado y a otro. Y encontramos a ancianas que habían vivido en campos de concentración nazi, a jovenes pacifistas israelíes que cada año iban a la carcel por negarse a luchar en los territorios ocupados. También encontramos a Sergio Yani, que para lograr la paz trabajaba por la paz cada día. Gracias a él pudimos entrar en el otro lado, se nos abrieron las puertas de Palestina y descubrimos los pasos que, pese al control del ejército, usaban los pacifistas para ayudar a la población civil encerrada durante meses por la presión del ejército. Sergio y los suyos ayudaban y denunciaban, aunque corriera riesgo su vida. Cada día. Acudimos a manifestaciones frente a la frontera de Gaza, entrevistamos a viejos soldados pacifistas, descubrimos profesores universitarios empeñados en difundir la paz. Nadie quiso contar la historia en España porque aquello no vendía, porque para muchos la historia sólo puede escribirse desde los opuestos. Ahora allí estaba la joven israelí, que por su edad debía haber terminado su paso por el ejército antes de venir a España; permaneció atenta al documental en el que se mostraba el dolor, la guerra desde un lado que no era el suyo; la otra historia. Permaneció también en el amago de debate y permaneció en el espectáculo de duendes que hicieron para nosotros. Frente a ella, las pequeñas marionetas verdes trajeron un mundo de magia en el que todo es posible; el universo de la infancia que renace al alimentar sueños, las puertas que se abren cuando dejamos los corazones abiertos. "He venido para ayudar al mundo, no para hacer la guerra."

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